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EL RELATO DE MIRTA VILA

Comenzamos los festejos por el 50º
aniversario de nuestro jardín

Con la presentación del logo del 50º aniversario, comenzamos a transitar un año de conmemoraciones y celebraciones por estos 50 años de vida institucional de nuestro jardín.

De ser una pequeña aula que funcionaba en la sacristía de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, hoy somos el jardín de gestión privada más grande de toda la provincia. Pero lo más importante es la ligazón que nos une a las familias, a nuestros alumnos actuales y a nuestros cientos y cientos de ex alumnos. ¡Tenemos tanto para festejar!

La señora Mirta Vila fue madre y docente fundadora de esta casa. En una entrevista, recordó los inicios de nuestro jardín.

¿Cuál fue el primer suceso que dio inicio a la creación de esta institución?
La creación de la Capilla Sagrado Corazón de Jesús. En el año 1958, el Padre Ramón Roubineau, que por ese entonces era Administrador General del Arzobispado de Corrientes,  plantó un Cruz con la frase “Salva Tu Alma”, en el predio en el que más tarde se construiría la capilla, en lo que ahora es la intersección de la avenida Sarmiento y Necochea. Hasta la construcción del templo, celebraba Misa en un garage por Maipú y Necochea.

A los dos años, se construyó el templo,  era un edificio pequeño de unos 16 metros cuadrados aproximadamente al que empezamos a asistir las familias de zona. El barrio Berón de Astrada empezaba a nacer, con matrimonios jóvenes con muchos hijos.

¿En qué momento empieza a expandirse la misión evangelizadora a la educación?
Fue con la llegada a Corrientes de Elisa Domínguez, en marzo de 1967.  Ella traía la iniciativa de abrir un jardín de infantes privado, ligado a la Iglesia. Tenía ideas innovadoras y el Padre Roubineau, que siempre me veía en misa ya que era una vecina del barrio, me pidió que coordinara junto con Elisa la catequesis para los chicos de la zona.

 

El padre nos había pedido que “primero evangelicemos para luego educar. Y, luego, a través de la educación, combatir la pobreza”. Así fue como salimos con Elisa a pegar carteles por el barrio. Buscamos casa por casa a los niños para la catequesis, pero a su vez, trabajamos de manera intensa y prácticamente sin recursos para abrir el jardín.

Y, ¿Cuándo sucedió?
Ese mismo año. Con 27 alumnos de 4 y 5 años, se abrió el Jardín de Infantes El Patito Feo, en abril de 1967. Las clases se dictaban en la pequeña sacristía y en el amplio predio en el que se levantó el templo, con jornadas al aire libre.

Elisa visitó a las familias más pudientes de la ciudad. Les contó sobre el proyecto de abrir un jardín privado (el primero de Corrientes) con características de avanzada para la época y vinculado a la Iglesia. Ofrecía clases de inglés y arte así como contenidos didácticos innovadores. Su ímpetu cautivó la atención de los vecinos que inmediatamente inscribieron a sus hijos en el jardín.

Trabajábamos todos por una misma causa, la de educar y evangelizar, teniendo a la solidaridad y a la formación integral de los niños como timón, y siempre, de la mano y con la guía  de Monseñor Roubineau.